didáctica - evaluación

Hola compañeros y compañeras. 

En esta entrada toca hablar sobre la materia de las dos últimas sesiones de didáctica, en la que se trató el tema de la evaluación y cómo llevarla a cabo. 
Como bien sabéis, la evaluación nos sirve para ver y analizar la evolución del alumnado en el proceso de aprendizaje. Ojo (y esto también lo sabéis), no es lo mismo que la calificación, ya que en la segunda simplemente se trata de poner un número o código que determina el alcance del alumnado en los objetivos educativos propuestos. En este punto ya podemos debatir sobre la conveniencia o no de la calificación. ¿Es necesaria o no? ¿es beneficiosa o perjudicial para el alumnado? como bien se trató en clase, el hecho de calificar puede ser tremendamente motivador o devastador para la moral del alumnado. 
Es cierto que aquí juega un papel fundamental la madurez del propio alumno, pero no podemos engañarnos y pensar que la nota numérica no va a afectar su rendimiento (para bien o para mal) y que van a ver más allá del mero número. No, amigos y amigas, no lo van a hacer. Y es lo normal, porque incluso nosotros y nosotras, que nos estamos formando todavía y que ya tenemos cierto bagaje, también pecamos de lo mismo (aunque a otro nivel, claro). Lo que buscamos, aunque sea de forma inconsciente) es un buen resultado numérico porque sentimos validado nuestro trabajo por el mismo. Sin embargo, también es cierto que hemos aprendido mucho y seguimos aprendiendo, y que lo visto en las clases nos ha dado más herramientas para ejercer nuestro futuro trabajo. 

También hemos visto los diferentes tipos de evaluaciones que podéis ver en el esquema: la inicial o diagnóstica, la formativa y la sumativa o final. 

Como se puede ver en el esquema, la evaluación inicial se hace al principio de todo, para saber desde qué punto partimos en cuanto al conocimiento que posee cada alumno antes de comenzar el proceso de aprendizaje. 
La evaluación formativa ya se acomete durante el proceso de aprendizaje, y esta es sumamente importante en mi opinión, puesto que tiene un valor incalculable para nuestra labor como futuros docentes al permitirnos saber qué es lo que funciona en nuestra metodología y qué es lo que no, lo que nos da la posibilidad de adaptarnos a las necesidades reales del alumnado en vez de suponer que como, en teoría, el método es bueno, vamos a conseguir el resultado deseado. Y no, no siempre es así. Por eso, la evaluación formativa es indispensable para encaminar buenamente el proceso de enseñanza-aprendizaje, en el ámbito del alumnado y en el nuestro propio. 
En cuanto a la evaluación sumativa o final, es la que nos ayuda a discernir si se ha conseguido el objetivo que se planteó al inicio del proceso de aprendizaje. 
Llegados a este punto, se nos expusieron en clase las distintas herramientas que podemos utilizar para llevar a cabo el proceso de evaluación, que, por supuesto, han de estar enfocadas al alumnado. Entre estas herramientas encontramos las calificaciones, los comentarios, el feedback, los descriptores de competencias o checklists, etc. 
A raíz de esto, se formó un interesante debate en clase sobre cuáles de estas herramientas serían las más adecuadas para el proceso evaluativo. Como era de esperar, las calificaciones no salieron muy bien paradas, pues a pesar de que hemos vivido toda la vida con ellas (y lo seguimos haciendo) tienen esa peligrosa vertiente desmotivadora si no se alcanzan las expectativas creadas (esto ya lo hemos hablado en el apartado de la calificación). 
Los comentarios, en mi opinión, siempre son positivos cuando se llevan a cabo con el tacto debido y de una forma adecuada. Es decir, tenemos que ser conscientes de que los comentarios siempre han de ser constructivos y tener en cuenta las circunstancias personales del alumno o alumna a la hora de emitirlos. 
Las reuniones también me parecen algo beneficioso siempre que se tomen como algo natural y no como un acto demasiado institucionalizado y formal, ya que esto último siempre acaba creando una sensación de inquietud en los y las jóvenes. 
El feedback también lo considero muy importante, de hecho, casi fundamental, puesto que permite un intercambio contínuo de información que permite tanto al alumnado como al docente saber en qué punto están en cada momento durante el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como curiosidad, en esta web podéis ver las diez reglas que se deben seguir para dar un correcto feedback al alumnado (según su autor, claro). Me ha parecido muy interesante. También es obligado en este punto mencionar uno de los vídeos que vimos en el aula sobre la coevaluación, una forma de feedback que, al menos entre los estudiantes que aparecían en el vídeo, funcionaba a la perfección. Este método me gustó mucho y me hizo pensar en cómo aplicarlo con el futuro alumnado cuando llegue el momento, pero este pensamiento se desvaneció en cuanto el propio vídeo me dio la respuesta con la Escalera de Retroalimentación de la que os dejo aquí un enlace que la explica de forma muy amena y un esquema para que la recordéis: 
Realmente me pareció un recurso tremendamente útil y que si se consigue implementar entre el alumnado, puede dar unos resultados excelentes. 
También, cómo no, debemos mencionar la rúbrica, pero en este caso solo de pasada, puesto que como ya la hemos visto y desmenuzado anteriormente en otras asignaturas, y se ha tratado de su importancia vital como recurso evaluador y de lo complicado de su confección, hay poca cosa maś relevante que añadir. 

Así pues, me gustaría finalizar esta entrada remarcando la utilidad de estas clases en las que hemos (o al menos yo lo creo así) sacado provecho de todo lo que nos han enseñado para nuestra futura labor. Es cierto que ha habido mucha teoría, pero también muchas actividades interesantes y esclarecedoras de cómo manejar las distintas herramientas que podemos utilizar para emprender la difícil labor de evaluar de forma correcta. 

Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo para todos y todas.

Comentarios

  1. Hola jesús
    Soy Emma Cox, te envío mi comentario a tu entrada sobre la evaluación ya que el blog no me permite hacerlo por algún tipo de error.

    Hola Jesús.

    Muy interesante esta última entrada que has hecho sobre la evaluación, sobre todo me ha gustado la reflexión sobre la nota numérica. Es cierto que hay una cierta obsesión por la nota que sacamos en una asignatura. Con la nota nos permitimos el lujo de extrapolar significados que no siempre son reales; como la impresión de que el que saca un 6 sabe el doble que el que saca un 3 y esto no es necesariamente así. No todos los países evalúan con notas numéricas, pero una vez que se ha hecho es difícil de cambiar. Hubo un intento de evaluar con términos como “progresa adecuadamente” etc. pero al final fracasó, las familias y los propios alumnos querían la traducción numérica de esa expresión, como si decirle a una familia que su hijo evolucionaba adecuadamente no era suficiente. Cuando realmente con la evaluación numérica no siempre se está valorando el nivel de adquisición de competencias y conocimientos de un alumno. Algunos de ellos pierden puntos por faltas de ortografía, ¿eso significa que no tiene los conocimientos necesarios de ciencias, o de historia? Es un debate interesante. Evaluar debería ser más que una nota numérica al final del trimestre- La evaluación debe detectar los problemas de los alumnos para que los docentes podamos ayudarles a mejorar aplicando los medios que necesitemos para conseguirlo y eso no nos lo va a dar un 4, un 7 o un 1.

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  2. ¡Hola Jesús!

    Me ha encantado leer tu entrada, me parece que en ella haces referencia a una serie de puntos muy importantes y relevantes.

    Sobre todo, coincido contigo en la reflexión que haces sobre la evaluación frente a la calificación, y la excesiva importancia que se le otorga a esta última. Desafortunadamente, nuestro sistema educativo ha marcado a fuego en nuestras mentes durante generaciones que lo importante es la calificación final, hasta el punto de que si no nos ofrecen una nota numérica nos sentimos un poco estafados y demandamos angustiados, independientemente de nuestra edad, ¿pero qué nota tengo?, cuando en realidad lo que deberíamos pedir es que nos indiquen en qué hemos acertado y/o fallado, en otras palabras, deberíamos reclamar ese fundamental feedback del que también hablas en tu entrada. Además, partiendo de lo que tú mencionas, creo que el alumnado de hoy en día todavía no tiene la madurez suficiente para aceptar que la nota de un examen solo es un mecanismo más en su evaluación final. Es más, no son solamente ellos los que deben acostumbrarse a una nueva metodología a la hora de evaluar su progreso, ya que la mayoría de las familias potencian esa dependencia de la nota preguntando repetitivamente ¿qué nota sacaste?, en vez de ¿te han explicado cómo puedes mejorar?

    En mi opinión, la comunidad educativa se irá acostumbrando poco a poco a los distintos tipos de evaluación y sus instrumentos, pero sin duda estos han llegado para quedarse y solo es cuestión de tiempo que los aceptemos como la valiosa herramienta que son dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

    Felicidades de nuevo por tu entrada.

    Un saludo.

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  3. Ola, Jesús!
    Parabéns pola entrada! Explicas todo de marabilla e os links que engades son moi pertinentes.
    No seu comentario, Mila destaca algo moi importante e do que se fala pouco, que é a extrema relevancia que lle dan as familias ás notas finais. Os premios por ter unha boa media, os agasallos en verán polas boas notas ou mesmo os castigos por non cumprir coas expectativas dos pais fan que sexa moi difícil meterlle ó alumnado na cabeza que o importante é o proceso de aprendizaxe e non o resultado final.
    Non podemos dicirlle a quen comeza suspendendo cunha nota de 3 ou 4, e acaba aprobando cun 6, que non o fixo tan ben como quen empezou sacando un 8 e acabou tamén cun 8. Non podemos non valorar o esforzo do alumnado e a súa evolución. É moi inxusto, tanto para quen non saca "notazas", porque non lle damos importancia ó seu esforzo nin a súa evolución, nin para quen si as saca, porque non está a aprender a superarse a si mesmo e seguir avanzando (algo moi necesario non mundo "real").
    Unha das reflexións máis interesantes que lle escoito á xente que sacaba boas notas no colexio sen esforzarse, é que se arrepinte de non aproveitar aqueles anos para adquirir autodisciplina, porque chegan á vida adulta e quedan bloqueados en situacións que lles requiren esforzo e traballo duro. Polo tanto debemos educar no inconformismo, na curiosidade e, sobre todo, na necesidade de ir sempre alén do que xa é coñecido.

    Saudiña,
    Alba

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  4. ¡Buenas, Jesús!

    Primero de todo, enhorabuena por tu entrada: completa, clara, precisa y amena. Un buen resumen de los términos que conciernen el tema de la evaluación. Concuerdo con el resto de nuestras compañeras que también han comentado acerca del carácter de arma de doble filo de la nota numérica. Cuando se es más pequeño, un PA (progresa adecuadamente) era todo lo que necesitábamos: no había ansiedad, comparaciones o el nivel de competitividad. ¿Cómo puede ser que todo esto cambie con un simple número? Comprendo la preocupación de los parientes y familiares por el progreso de sus hijos, siempre que ésto no se vuelva en contra. A veces se tiende a simplificar todo en un valor numérico que no siempre coincide con la realidad. Yo puedo superar un examen escrito de lengua, pero eso no significa que vaya a saber expresarme en todos los ámbitos de acuerdo a esa nota. Puedo ser mejor en expresión escrita que oral, o viceversa. Pero estamos a tiempo de parar y cambiar de trayectoria: hacer que lo verdaderamente importante sea el progreso y la evolución en la materia. Realmente es lo que he vivido a lo largo de este máster, recalcar el hecho de verme competente a la hora de enseñar, que sacar la máxima nota para presumir de expediente. Con un cambio de mentalidad, todo se puede mejorar.
    Poco más me queda por añadir, más que nueva metodología significa nuevos instrumentos de evaluación. El mundo evoluciona, y la educación con él.
    ¡Saludos!

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  5. Hola, Jesús. Me lo he pasado muy bien leyendo tu entrada, me ha parecido que has explicado lo que hemos visto y hecho en clase de una forma muy amena.

    Me ha gustado que empezases tu entrada refiriéndote a la diferencia entre evaluación y calificación. De hecho, creo que una parte considerable del profesorado de secundaria cree que estos dos conceptos van siempre de la mano. Es innegable que en nuestra sociedad le damos muchísimo peso a la calificación que recibimos en una prueba, de hecho, como tú dices, nosotros mismos, como alumnos del máster, lo hacemos.

    En mi opinión, deberíamos darle una mayor importancia a los comentarios, reuniones y otros instrumentos que nos permitan dar feedback al alumnado pues, como demuestra el experimento de Ruth Butler de 1988 al que se hizo alusión en clase y como bien mencionas en tu publicación, las calificaciones pueden tener una influencia tremendamente desmotivadora para el alumnado, dificultando el proceso de enseñanza-aprendizaje.

    Respecto a las estrategias de autoevaluación y coevaluación, yo también me quedé maravillada con el vídeo del centro de enseñanza de Nueva York que vimos en clase. Creo que muestra de forma muy clara los beneficios de que el alumnado se familiarice con estas prácticas y con la aplicación de The Ladder of Feedback, para aprender a dar feedback y expresar su opinión de manera ordenada y respetuosa.

    Felicidades por tu entrada. Espero poder leer otras en el futuro.

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  6. ¡Hola, Jesús!

    Me resulta muy interesante el debate que planteas sobre la conveniencia o no de las calificaciones. En mi opinión, la vida de los alumnos y alumnas no debería basarse únicamente en un número. Como comentan mis compañeras, tanto para las familias como para el propio alumnado las notas numéricas son lo primero y no conciben la educación sin ellas. Incluso, como señala Alba, se premian las mejores notas como sinónimo de éxito, sin valorar el esfuerzo que muchas y muchos estudiantes realizan, aunque no lleguen a las notas que la sociedad considera «excelentes». Dicho esto, creo que el método más efectivo para realizar la evaluación, de todos los que hemos visto en clase, es el feedback. De esta manera, el profesorado y el alumnado pueden establecer la comunicación necesaria para saber cuáles son los puntos débiles y fuertes y, así, poder mejorar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Además, bajo mi punto de vista, esta es una herramienta mucho más cercana que, por ejemplo, una entrevista, ya que esta última puede llegar a ser un poco intimidante para el alumnado. Por lo tanto, si en un futuro puedo escoger una herramienta de evaluación en mis clases, sería sin duda el feedback junto con la coevaluación a la que haces referencia. Por último, me gustaría darte las gracias por aportar unos recursos tan útiles, puesto que las reglas que propone la web pueden resultar eficaces a la hora de llevar a cabo nuestra labor como futuros docentes.

    ¡Un saludo!

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